Masaki y Erina han tenido relaciones sexuales intensas y frecuentes en innumerables ocasiones, pero a Erina aún no le ha bajado la regla. Aceptan la situación con sentimientos encontrados y complicados: en parte ansiedad, en parte emoción por lo que podría significar. A pesar de ello, Masaki sigue colmando a Erina de profundo afecto y amor. Abrumado por los recuerdos de la dolorosa semana en la que Erina se fue a casa y él sintió una profunda pérdida y vacío, se aferra a ella apasionadamente, repitiendo una y otra vez: «¡No te vayas a ningún lado otra vez! ¡Te amo!! ¡Te amo! ¡Te amo!», mientras su vínculo emocional y físico alcanza un clímax íntimo y apasionado. El episodio combina un romance sincero, vulnerabilidad emocional y escenas eróticas intensas impulsadas por el fetichismo, centradas en su relación obsesiva.