Los ejecutivos de Hameldar están cada vez más preocupados por el éxito de Lilstia. Para acabar con ella de una vez por todas, envían a un monstruo formidable. A plena luz del día, la bestia conocida como Brosh aparece en un parque de la ciudad e intenta secuestrar a un civil. Pero justo a tiempo, Lilstia llega y frustra el intento. «Ahora estás a salvo. No hay más amenazas», tranquiliza a los asustados espectadores, antes de salir corriendo tras Brosh, que se ha escabullido bajo tierra. Decidida a descubrir la ubicación de la base oculta de Hameldar, Lilstia le persigue hasta las oscuras profundidades. Pero es una trampa. El estrecho e inestable suelo del oscuro sótano le impide luchar con eficacia. Brosh no se enfrenta directamente a ella, sino que se adentra más en el subsuelo, atrayéndola como a una presa. De repente, aparece una nueva y monstruosa versión de Brosh, más grotesca y poderosa que antes. Con una lengua larga y viscosa, lanza un ataque inquietante, tratando de abrumarla. Mientras unos espeluznantes gritos resuenan en los túneles subterráneos, todo el cuerpo de Brosh se convierte en un arma: su grotesca forma presiona el ataque de la forma más perturbadora.